#Juebebes Rooney rechaza a la reina

Wayne fue el nombre que sus padres eligieron para él. Eran migrantes irlandeses que llegaron a un suburbio de Liverpool llamado Croxteth. Ahora esos barrios de pandillas y color ladrillo encierran la historia de los Rooney.

Estudio en un colegio Salesiano. Con una pinta de boxeador más que de jugador de fútbol empezó a romper las redes de todos los arcos de ese lugar que un día fue un asentamiento Vikingo.

El negocio del fútbol lo encontró y lo llevó al Everton. Esos colores se le metieron en la sangre. Creció simulando entender las reglas del fútbol del club pero rompiendolas al implementar un fútbol callejero, de fuerza, enojado, con mucho lujo pero sin ninguna elegancia. Wayne contradecía a lo inglés.

Nunca sería un Sir Bobby Charlton o Sir Alex Ferguson. Eso no deseaba. El representaba ese Reino Unido escondido, de trabajadores cansados que en vez de ir a casa prefieren acabar su jornada en un bar. De trabajadores mal pagados que descargan su ira en golpes de martillo, en la pesca en un clima detestable, o en los puñetes fuera del bar.

Tal vez por eso jugó tanto en la selección inglesa pero nunca pudo romper los maleficios de los mundiales y las Euro. Tal vez se cansó de representar a la reina y quiere volver  a jugar con la clase trabajadora.

Rooney renunció a la selección y vuelve al barrio. Ese Croxteth que tiene un merendero llamado Denis que ofrece pasta a un precio razonable, con bares, con noche, con esa vida que le arrebató por un momento esa desagradable palabra conocida como “fama”.  Muchos lloran su despedida, yo me alegro porque rompe los falsos nacionalistas. Wayne sigue creyendo en el barrio, en lo local.