MUNDIALISTAS Y SU FÚTBOL / RUSIA 2018: Portugal: el Fado de Cristiano

Cuando se observa a Cristiano Ronaldo increíblemente se oye un Fado. “É meu e vosso este fado/ Destino que nos amarra/ Por mais que seja negado”. Los puristas de este género musical lo negarán porque a simple vista Ronaldo es todo lo contrario, es rápido, explosivo y violento. Mientras que este género musical habla constantemente de la nostalgia, es un grito de la tristeza es una queja del destino.

Y Ronaldo, que representa a Portugal, no está lejos de esa constante queja del mundo que le tocó vivir. Fuera de esa infancia durísima que extrañamente o lógicamente es una constante del futbolista. Ronaldo se revela todos los días contra el mundo. Paradójicamente cae en los excesos terrenales. Pero sin duda es más importante su ira constante contra lo establecido. Al igual que el Fado el grito de Ronaldo es la prueba fehaciente de que en la soledad existe el arte: “Sempre que se ouve o gemido/ De uma guitarra a cantar/ Fica-se logo perdido/ Com vontade de chorar”.

Dicen que su juego es parecido al de un robot, mentira absoluta. Verlo en la cancha es una pintura del niño que sale a la calle a jugar. Lo quiere todo, le gusta el lujo, la exhibición, mostrar a sus amigos que es el mejor y que debe ser elegido primero, aunque no sea el dueño del balón. En los ojos del siete se encuentra conjugado los poemas de Camoes “Ojos, herido me habéis, / acabad ya de matarme;/ mas, muerto, volvé a mirarme, / porque me resuscitéis.” A la par se conjuga el vino de Lisboa y la identidad de una nación.

El fútbol de Portugal es triste igual que el Fado y es necesario verlo y oírlo desde esa perspectiva. En el grupo B no se pueda esperar grandes partidos de esta selección. Lo que es seguro es que el equipo no defrauda su tradición: “Ó gente da minha terra/ Agora é que eu percebi/ Esta tristeza que trago/ Foi de vós que recebi”.

Pensar que es mundial de Messi con Cristiano en la cancha es no conocer a uno de los mejores jugadores del planeta. Es mejor gozar su talento que odiar su arrogancia. Disfrutar del niño que quiere ganar todo en vez de ver los defectos del adulto agrandado. A Cristiano, como al Fado, se lo aprende a valorar desde la nostalgia: “E pareceria ternura/ Se eu me deixasse embalar/ Era maior a amargura/ Menos triste o meu cantar”.

Fado: “Ó gente da minha terra” Mariza

Poema: Luis de Camoes