OPINIÓN: Cinco razones para no ver el fútbol ecuatoriano

Por Paúl Peñaherrera

La mentira mezclada con la corrupción es la norma del poder en el Ecuador. Da vergüenza observar cómo los que aplaudían al líder, caudillo, mesías, ahora lo niegan y se lavan las manos. Los mismos que se aprovecharon de un aparato corrupto, que viajaron y disfrutaron de prebendas, hoy hablan de moralidad. No me refiero a Lenín Moreno ni su pobrísimo desempeño, me refiero a la negligencia de Carlos Villacis y su paupérrimo desempeño. 

Mirar el Campeonato Ecuatoriano de Fútbol sería avalar cómo actúa la FEF y sus dirigentes. Sería ser parte de todo el sistema podrido que los rodea. Me niego a participar de ese triste espectáculo y, como ciudadano y amante del fútbol voy a boicotear, aunque sea de manera solitaria, ese esperpento que es esa Copa que está auspiciada por un banco. 

La manera es muy fácil. El fútbol barrial es un espectáculo. Cada uno suda la camiseta y disfruta del partido. Vale la pena mirar la Liga de la Floresta, del Inca, de Calderón si hablamos de Quito pero este fenómeno se repite en todo el país. Esto demuestra que el fútbol sigue vivo. Por otra parte, prefiero gastar mi tiempo jugando al fútbol en los campeonatos que se organizan los fines de semana. Y por último si me hace falta adrenalina nada como el fútbol argentino, brasileño e inglés. 

Una vez dada la solución les expongo los 5 argumentos para no ver el campeonato organizado por los ineficaces dirigentes de la FEF:

1.- Los dirigentes son los dueños del fútbol. Gracias a que los hinchas observan ese triste espectáculo todos los que están en la FEF ganan dinero del balonpié y no hacen nada para que sea un buen espectáculo. Las canchas son horribles, los estadios espantosos y el trato al público denigrante. Yo no les doy mi plata.

2.- Los periodistas son el ejemplo de la mediocridad y la involución del fútbol ecuatoriano. Aquellos que siguen narrando y comentando son los mismos que fueron serviles a Chiriboga y hacen cualquier cosa para seguir siendo parte de un círculo lamentable. Sin mencionar algunos abogados que de comunicación saben lo mismo que de física cuántica. Nada. Yo no pago ni mantengo mediocres.

3.- El espectáculo es espantoso. Técnicos de tercera, vende humo, que salen con miedo a ganar. Los partidos del 2017 deben ser de los más feos que he visto en mi vida con honrosas excepciones del Barcelona en la primera parte del año y del Emelec al final. Sería incorrecto no mencionar al Delfín que con poco hizo mucho. Pero el fútbol ecuatoriano no es un espectáculo de 6 dólares la general. Me rehúso a pagar por partidos de medio pelo.

4.- La explotación de la pobreza. El 90% de niños y jóvenes usados en las categorías inferiores no llegan a primera división. Han sido separados de su familia, tienen una pésima educación. Algunos de ellos dejan los estudios y pasan a engrosar la lista de desempleados ecuatorianos. El uso y abuso de la pobreza y de la miseria en el Ecuador se tiene que parar. Decirle no al fútbol ecuatoriano es una forma de repensar el deporte y sus formas esclavistas.

5.- No estoy dispuesto a que las televisoras pagadas y los empresarios extranjeros se hagan más ricos con mi plata. En este año no pasaron algunos partidos, las transmisiones son malas, tratan al deporte ecuatoriano como un plato de segunda mesa, y son parte fundamental de un esquema oscuro de contratos. Conmigo no cuenten para pagar más de lo que se paga y mantener a dirigentes vagos e incapaces. 

En este año Golazo.online se va a centrar en lo bueno. Analizaremos cada uno de los grupos del mundial, los países no solo desde lo futbolístico sino desde lo político, lo social y lo cultural. El mes de enero será para el grupo A. La Rusia de Putín y la poca importancia del fútbol, pero el interés por el dominio geopolítico. Arabia Saudita, el país más extremista del mundo musulmán. Egipto y el fútbol africano de la postmodernidad. Y por supuesto Uruguay el equipo que no juega como se vive. El fútbol no es 11 personas atrás de un balón es una sociedad que ve en el juego reflejado su vida.