OPINIÓN: Por fin Arias los convenció

Siempre tras un partido, sea el resultado que sea, se impone la necesidad que el periodismo analice el porcentaje de responsabilidad que en el resultado final tuvieron los protagonistas. Al ser el fútbol un juego en el que la táctica y la estrategia juegan un papel porcentual de relevancia, enfocarse y cernir el trabajo de los DT es primordial para el análisis.

Debo reconocer que hasta el momento el Emelec de Arias, salvo contados chispazos (en Medellín contra el DIM y en Buenos Aires contra San Lorenzo por la Libertadores) el equipo de Arias me generó un sentimiento de apatía bastante indisimulable, ya  que más allá de ver un equipo que intenta presionar la salida del contrario, dominar la posesión del balón  e intentar construir juego interior con un doble pívot por el interior y buscar el desequilibrio por las bandas con individualidades capaces de romper en el mano a mano, veía un equipo poco convencido de sus posibilidades, coartado por su poca convicción y rendido a sus limitaciones. Veía un equipo al que le faltaba “alma”.

Así fue hasta ayer, cuando el equipo de Arias contra su clásico rival se despojó de una vez por todas de  sus reticencias y demostró ser un cuadro solidario en la marca, intuitivo en el manejo del ritmo del partido y situaciones de juego, contundente y certero en la concreción. Por fin, después de más de un año y medio, se puedo ver que los jugadores le creen al DT y que están dispuestos a dejarse la piel en el intento de defender su idea y propuesta. Por fin los convenció y eso se notó en cada acción, en la que estelares y alternantes lucharon y dejaron el alma en cada pelota, cortándole posibilidades al azar, calzándose el traje de obreros para la contención, corriendo hasta el límite de sus posibilidades para defender una ventaja o tratar de incrementarla. Se  vio un grupo de  jugadores que sabían a que juegan y que se vaciaron en el intento por conseguir un doble objetivo común: enterrar al mejor Barcelona de la última década y consolidarse en la punta del torneo ecuatoriano de fútbol.

El presidente Neme en su haber tiene más aciertos que deslices  en el fichaje de entrenadores. Salvo el contumaz fracaso que sucedió con el uruguayo Carrasco, con el resto, el tiempo ha terminado por darle la razón al dirigente. Por ejemplo en 2010 fichó a un desconocido Jorge Sampaoli, quien apenas 7 años después es un técnico de la élite mundial del fútbol que ha sido campeón de Sudamérica en clubes y selecciones, quien dirigió un equipo top como el Sevilla en Europa, y quien actualmente tiene la posibilidad de buscar el tercer título mundial para una de las siempre candidatas al título: la Selección absoluta de  Argentina. Todos los entrenadores que ha traído Neme son profesionales con experiencia contrastada en campeonatos iguales o mayores que el ecuatoriano,  que usan metodologías actualizadas o innovadoras (el presidente se ha referido a Arias en varias ocasiones como un vanguardista en su trabajo), expertos en táctica y estrategia, quienes tienen en la comunicación de sus ideas y en el convencimiento de los jugadores que la ejecutan a la principal barrera para conseguir el éxito.

En el último Clásico del Astillero de 2017, el DT Alfredo Arias fue un gran responsable de la transcendental victoria del Bombillo que le permiten a los azules soñar con argumentos y posibilidades estadísticas concretas con el título doméstico. Utilizó el estratega uruguayo un planteamiento táctico en el que los jugadores demostraron entender a la perfección el rol que cada cual debe ejecutar; la estrategia utilizada por Arias permitió ahogar y desarticular las armas ofensivas del equipo torero, pero por sobre todo, el uruguayo convenció a sus jugadores de su idea y eso fue determinante ayer, se notó en demasía. Por fin se vio un equipo con “alma”  y eso fue fatal para un desgastado equipo de Almada, quien ve como el físico de sus jugadores ya no responde y su equipo se ahoga al borde de la orilla, con el alto riesgo de quedarse  en este 2017 sin ninguno de los objetivos planteados a inicio de temporada.