#Juebebes: Cuando el Diez se hizo hombre y el uno se hizo Dios

Lloraba como un niño de pecho. No podía dejar de abrazar a Máximo Banguera. Sabía que lo había salvado. Sabía que el arquero ecuatoriano le había dado una segunda oportunidad. El año pasado el era el Dios. Un dios milagroso con la diez en la espalda y que tenía muchos ojos. El Dios de los tiempos del Barcelona de Ecuador. Metía el pase en el momento perfecto. Sabía exactamente donde estaban sus compañeros si necesidad de verlos. Ahora un simple mortal agradeciendo a Banguera y al cielo.

Damián Díaz debió ser el tipo más puteado del país el día de ayer. Incluso más puteado que Correa y Glas y eso es muchísimo y refleja las prioridades del Ecuador. No fue titular. Sorpresa para muchos pero Almada conoce y reconoce los momentos de sus jugadores. En los primeros 45 minutos el ganador absoluto fue Barcelona, tuvo tiempo, pelota, velocidad, todas esas patrañas que enlistas los comentaristas de Fox. Para nosotros simple mortales Barcelona jugó fútbol y jugó lindo.

El segundo tiempo trató de controlar el partido no pudo mantener el ritmo y lo que es peor no pudo hacer los goles. Yo conté tres jaladas imperdonables de Damián Díaz durante los 25 minutos que estuvo en el campo de juego. Tuvo dos a boca de jarro y le pesó el partido, la camiseta, el momento personal, su situación personal cualquier cosa. La pensó mucho o lo que es peor ni la pensó. No era la noche del diez. La tercera fue un mano a mano y ni siquiera pateó la bola, terminó en el suelo sin respuestas.

Tanto fue así que el quinto penal, el que daba la clasificación, pateó débil a un costado, fácil para el arquero. Con el llanto en la garganta con las pupilas llenas de lágrimas regresó a la mitad de la cancha. Solo pensaba en que Banguera le ayude. El Diez se hizo hombre y se consagró al número uno.