CUENTO: 5 Maletines y medio

Por Pedro Monteros Valdivieso

 

“¿Por qué no se castiga en las urnas la corrupción?

¿Por qué no se castiga en las urnas la infamia?

¿Por qué no se castiga en las urnas que estén robándolo todo?

Porque somos una sociedad que ha pactado con el crimen, 

porque hemos heredado el relato de los medios de comunicación  de que el crimen se puede perdonar,

 y se puede pactar con él para mirar hacia adelante.“

 

Cristina Fallarás - escritora y periodista española

 

-Para hacer esto, hay que hacerlo a la vieja usanza compadre, nada de trasferencias electrónicas ni depósitos. Cero huellas, como nos enseñaron los mayores, billete de bolsillo papá- dijo a su interlocutor por teléfono el experimentado capitán, quien cumpliría en la próxima fecha de Eliminatorias su  partido número 88 en compromisos oficiales con su selección absoluta.

El mismo discurso repitieron por la misma vía de comunicación los otros capitanes a sus  respectivos interlocutores, ambos  colegas de capitanía en otras selecciones, con  quienes  habían compartido hace un par de años cuadro en México. 

  Viéndola bien, la suerte, que no sabe de merecimientos, los había premiado; encima de hacer un papel triste y para el olvido en la competición, les había tocado de rebote y gracias al calendario, la chance de ser jueces y,  a esa altura, parte desinteresada en la lucha por los 2 cupos y medio que se disputarían a muerte entre 5 equipos que llegaban con opciones a la última melodramática fecha de  Eliminatoria mundialista.

-Todo chévere, ya sabe mi brother, somos de la vieja guardia. Captado- respondió del otro lado del teléfono una voz templada que denotaba concentración, ensimismamiento y hasta desesperación por atar cabos, como si luchara a muerte contra el destino, tratando de no dejarle al azar ninguna chance. –Pilas ahí Bro, manda el domingo a un Secre a la puerta de tu hotel, puntualito mi hermano, que el Viejo Beto le cae con el maletín a las 7AM, antes que lleguen los chismosos  a camellar. Aplicamos el mismo trato que ustedes nos ofrecieron cuando nos tocó a nosotros: 50% ahora para que le pongan güevos, las restantes 250 lucas les damos si ganan y nos clasificamos. 150 si llegamos al repechaje, que ahí toca todavía apretar el culo. Ya sabe papá, palabra de capitán, hablo en nombre de un país- agregó el hombre de tez mulata, cercano a la treintena de años, quien colgaba su smarthphone de última generación al escuchar “ahí se cuida, listo papá“.

 Al mismo acuerdo llegaron los otros capitanes con sus colegas, así que los jerarcas se reunieron en la habitación que compartían el segundo y tercer capitán, a pasar en limpio el bussines, repasar temas logísticos de la operación y como punto relevante: a cuánto tocaría por cráneo de los que estuvieran en cancha, y  calcular la limosna a repartir para los del banco, más que por generosidad de los mandamases del plantel, para evitar cualquier filtración.

  El máximo capitán, jugador con amplia experiencia y buen cartel europeo, el más ducho en la cancha y en el terreno de las finanzas, fue el encargado de exponer el cuadro y los posibles escenarios. Fiel a su estilo y a los códigos, respetando lo que había aprendido, habló:

-A ver muchachos, esto está clarito: tenemos dos opciones: por un lado hay cuatro equipos que nos pagan 250 lucas por que juguemos con güevos. Así  que para el domingo tendremos un millón en mano compadres. Si ganamos tenemos seguro 400 lucas más, yo les creo a esos hijueputas con los que hablamos, son gente de palabra, como nosotros.

-¿Y la segunda opción?- inquirió atento el segundo capitán.

-La segunda es ganarnos un palo verde por hacernos los huevones en nuestro partido. También es papaya hacerla. Pero qué quieren que les diga compas, no la veo para nada. A mi particularmente jugar para atrás no me va, encima es menos billete.

-No hay ni para que discutir- dijo el tercer capitán, el más joven de la cúpula, quien ajustaría, si le confirmaban titularidad esa tarde,  apenas 20 partidos con su representativo nacional.

El segundo capitán asintió con la cabeza, por lo cual, el jefe prosiguió:

-Ya hice las cuentas, nos toca a 60 lucas de los 14 que juguemos,  los que entran así sea un minuto cobran igual, ya me encargo de contarle eso al Profe, a ese man hay que darle 60 también. Quedan 100 lucas para repartir con el resto de los muchahos convocados. Para la segunda entrega nos tocarían 25 lucas para los 14 que juguemos más el Profe, y quedarían 50 para repartir entre el resto.

-Hágale- dijo el segundo capitán, -completamente de acuerdo- acotó el tercero.

-Listo. Hay que mandar a Bolito a que recoja los maletines a la puerta, ya me encargo yo, ustedes tranqui. Ya les aviso para repartir el billete el lunes de noche, así los mandamos a dormir felizotes la noche anterior al partido. Vamos a comunicárselo a los muchachos, eso sí, les pido que lo de la segunda oferta ni la mencionemos, porque ahí ya entrarían en juego los representantes y pueden que surjan ofertas y ya empezarían las negociaciones individuales, y ahí se caga todo. Siempre hay que estar unidos, por la patria-. Hizo una pausa y se dio cuenta que había encontrado otro filo del negocio  y exteriorizó su pensamiento a sus compañeros –iba a apagar el celular, pero ahora que lo pienso, en esto de los negocios es mejor no cerrar puertas, quien sabe… nunca digas nunca jamás dijo James Bond- bromeó citando canchero al famosos agente de la corona británica, mientras todos ya empezaban a salir rumbo al cuarto de juegos, craneando ya en que gastarían los dólares.

 

Tipo de Literatura: