PREVIA Ecuador vs. Argentina: El día en el que el "hombrecito" será "pelado ídolo" o "pelado forro HDMP"

Jorge Luis Sampaoli dejó atrás en Ecuador el mote de “El Hombrecito”, que le sacaron en su estadía entrenando al Sports Boys del Callao peruano, o de “Hombrecito”, como continúa llamándolo el periódico El Bocón, que según El Comercio también del Rímac, se trataba de un “claro diminutivo para resumir lo que el medio sentía por él en ese entonces: un entrenador de baja estatura y solo hecho para equipos chicos”. Se trasformó “El Hombrecito” en un entrenador de élite  en el Emelec ecuatoriano, en donde jugó en 2010 la Copa Libertadores y disputó palmo a palmo contra la Liga de Quito, entonces acostumbrado a ganar torneos internacionales,  el título de campeón ecuatoriano.

Sampaoli en el Emelec tiene el mérito estadístico de haber convertido al Club de Guayaquil, en el mejor de equipo del mundo de junio de 2010, según las siempre cuestionables mediciones de la International Federation of Football History & Statistics (IFFHS), lo  que sirvió para que el interés por el entrenador de Casilda (Provincia de Santa Fé–Argentina) se despertara en mercados más pudientes del fútbol  sudamericano. Sampaoli estuvo en el Emelec durante la temporada 2010, su equipo fue el que más puntos sumó durante el campeonato, consiguiendo la histórica cifra de 95 puntos, producto de 28 victorias, 11 empates y 6 derrotas. Pero Sampaoli se fue llorando del “Bombillo” (literal), perdió en el global de las finales contra la Liga de Quito (2 a 0 en Quito a favor de la  U, 1 a 0 en favor del Emelec en la vuelta) y el título se le fue de las manos, contra un equipo empeñado en castigarlo.

Aprendió en Ecuador el "Pelado Sampaoli", como lo conocían algunos en Ecuador, a sufrir la altura y a entender como tratar de competir mitigándola.  Como en la vida, en el fútbol también se aprende de las experiencias dolorosas. Sampaoli empezó embalado en Ecuador, fiel a su herencia ideológica Bielsista de ser siempre protagonistas y presionar todo el tiempo, en todos los campos. Mal no le iba hasta que intentó hacer lo mismo en el estadio Casa Blanca de Quito, contra la Liga, que le clavó  un 5 a 0  un 28 de febrero de 2010,  resultado que  desnudó la ignorancia de  Sampaoli, quien con su propuesta suicida  pagó derecho de piso en cuanto al rendimiento físico de sus equipos en una plaza en la que la altitud (2850. m) también juega sus partidos, sobre todo en los segundos tiempos.

Sampaoli se fue la siguiente temporada a la U de Chile, en donde se terminaría convirtiendo en un entrenador de la élite sudamericana. Ganó tres campeonatos locales y condujo al “Chuncho” a su primer y único título internacional. El turno de cobrar cuentas pendientes contra la U de Quito, le llegó en 2011, en la que comandando a la Universidad de Chile, presentó en la final un equipo que era un Fórmula 1 que pasó por encima de la Liga en cuanto a planteamiento táctico y estratégico, y su conjunto se impuso además en el aspecto físico en la capital ecuatoriana. La U de Samapaoli, era un equipazo en el que brillaba el conjunto bajo la batuta de Marcelo Díaz y  contaba con la capacidad goleadora de un joven Eduardo Vargas,  ganó 1 a 0 en Quito y en Santiago confirmó el título con un 3 a 0 lapidario.

Luego vendría para el Pelado el turno de dirigir la Selección de Chile, con la que logró el objetivo de conquistar por primera vez en su historia una Copa América, para incursionar posteriormente en el fútbol de élite  europeo con el Sevilla, cuadro con el que firmó en 2016/2017 una temporada que se podría calificar, revisando estadísticas y picos de rendimiento altos, como entre buena y muy buena.

A Sampaoli ya casi le queda nada de “Hombrecito”, aunque la prensa peruana aún siga usando el apelativo, es más bien el “Pelado”,  y pese a que nunca dirigió un equipo de la primera división del fútbol argentino, es el entrenador de la selección absoluta albiceleste, y es por ende,  blanco de ataques de una prensa deportiva con varios elementos tendientes a la expresión del fanatismo y del otrora poderoso sabio de la AFA, el Dr. Carlos Salvador Bilardo, uno de los dos DT campeones del mundo con Argentina, quien está primero en la lista de quienes acusan al entrenador Casildense de vendehumo e inventor del agua tibia en una actividad como el fútbol, que según ellos, no tiene demasiados secretos.

A Sampaoli le llega el turno este 10 del 10 del 2017 de jugarse una partido bisagra que con certeza marcará su carrera: o consigue el mayor fracaso de su carrera y queda eliminado del Mundial de Rusia, o clasifica y lucha por el título mundial en 2018. Nuevamente será Quito donde sufrió y perdió, y en donde también aprendió a ganar. Esta vez será el Estadio Olímpico Atahualpa, el escenario en la que su Selección Argentina tendrá que sortear el escollo más grande desde 1985 para llegar a la etapa final de un mundial. Sampa está al mando desde hace 3 partidos, que se saldaron todos con empate. Del ilusionante empate en Montevideo contra Uruguay, la Argentina pasó a la frustración de empatar en casa contra Venezuela y Perú, marcando únicamente un gol en los tres partidos, encuentros en los que su equipo dominó ampliamente y generó múltiples situaciones de gol que no se concretaron, siendo esta la expresión en cancha del despelote dirigencial que soporta a un equipo que ha hecho una campaña eliminatoria para el olvido,  que hicieron que el bicampeón del mundo llegue al último y definitorio partido contra Ecuador con la soga al cuello, y ya bastante más asfixiada que viva, con futbolistas desesperados que tienen la última chance de manotear una clasificación que hasta ahora no han merecido.

En frente estará un Ecuador  incentivado (léanse los varios significados de la palabra)  que le tocará escoger entre ser el verdugo y el que pase a la historia que privó al mundo de ver a la Argentina de Messi en 2018; o ser el amigo bobito o inútil, que no puede ni tiene con que hacer daño y que permita que el cuadro rioplatense se lleve una victoria de un reducto en el que sólo ha ganado una vez en los últimos 20 años.

Ecuador presentará un equipo dirigido por un entrenador interino, que pretende una supuesta renovación, pero que parece responder a los deseos de una tullida y enquistada dirigencia de congraciarse con los gustos de los  aficionados para así no generar resistencia ni dudas sobre su presencia, incluyendo así a jugadores que  destacan en el campeonato local. En el banquillo estará el entrenador argentino Jorge Célico, quien en su país natal tiene un nombre como formador de la cantera de Huracán, es quien luego de un paso largo pero sin logros trascendentes en la Universidad Catóica de Quito,  hoy puede pasar a formar parte como antihéroe de un capítulo negro de la  historia del fútbol profesional argentino.

Para aventurar un pronóstico no hay que olvidarse que Ecuador viene de perder 5 partidos consecutivos, resultados que expresan con precisión  la pobreza de la producción de un equipo que  empezó como un tren y se descarriló de tal manera que es uno de los  únicos 3 equipos que llegan a la última fecha sin ninguna opción de clasificarse. Llega Ecuador si mostrar nada,  solo en el arco lo de Banguera ha sido destacable por la regularidad mantenida en los últimos 3 partidos, el resto ha sido entre poco y  más bien nada, los jugadores históricos se han quedado sin fuelle, y los nuevos han mostrado estar aún verdes, esa es la verdad de la Selección del  Ecuador. 

Argentina jugará a torcer la historia, la experiencia de Sampaoli y la magia de Messi serán las principales armas albiceleste para romper  una estadística en Quito que hasta ahora viene bastante mal. Ecuador piensa en el futuro, se asusta viendo a Venezuela, a esos "Chamos" vicecampeones del mundial sub 20 que seguro pelearán por un cupo para 2022 y a todos los que quedaron más arriba en la tabla; intenta dar pista la Tri a nuevas figuras, algo claramente saludable,  mientras se hace clamorosa una renovación dirigencial que permita ventilar una Federación Ecuatoriana  de Fútbol que creció en las últimas décadas tanto en lo bueno como en lo malo.